Escuela Asturiana de Espeleología y Cañones

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Titulo: EAEC al rescate: una historia de perros.
Fecha Publicación: 2010-07-17 12:52:19
Publicado en: novedades

Hace ya tiempo que en EAEC le dábamos vueltas a la idea de ofrecer un servicio profesional de rescate de perros caídos en simas y torcas, o engarmados en barrancos y lugares de difícil acceso, circunstancia que sabemos sucede ocasionalmente con los perros de caza.

Y esta semana, antes aún de darle forma y publicidad al servicio, hemos llevado a cabo el primer rescate. A primera hora de la tarde se presenta en nuestras instalaciones un cazador de una localidad cercana para informarse de si podríamos rescatar a una perra que se ha metido por un pequeño torcu o pocete y que no puede salir. Nos explica a grandes rasgos la situación y las características del sitio, y tras preparar cuerdas y equipo rápidamente, nos desplazamos a la zona, primero en todoterreno, y después caminando, hasta llegar al lugar en cuestión, en el monte Sopeña de este concejo de Onís.

La perra, Lola, sigue atrapada como nos hace saber a través de ladridos y cascabeleos. El lugar por donde se ha colado es un pocito pequeño en un lapiaz, de poco más de un metro de profundidad, que a través de una grieta impenetrable para nosotros comunica con lo que parece ser una cueva que se abre colgada en un farallón calizo, a través de la cual también oímos a Lola.

Tras examinar someramente la situación, y ante la imposibilidad de acceder por el pocete tal y como hizo la perra, decidimos instalar la pared desde arriba para acceder a la boca colgada. Montamos una cabecera sobre naturales y tras descender unos pocos metros hasta el labio de la boca ya puedo ver a Lola que comienza a ladrarme; la pobre ha enredado la cuerda que lleva por correa en unos matorrales y no puede zafarse.

Monto un fraccionamiento, y tras descender unos metros inicio un péndulo a 35 o 40 m. del suelo para poder ganar la cueva, que se encuentra alejada un par de metros debido a la concavidad de la pared. Finalmente consigo posarme en el suelo de la cueva. Lola ladra, mitad de miedo y mitad de alegría. Tras las palabras amigables y las caricias de rigor consigo desenredarla de los matojos y le solicito al dueño que la llame, a ver si puede salir ella sola por donde ha entrado. Lo consigue sin problemas.

Así pues, tras remontar por la cuerda y recuperar el equipo, damos por concluido el rescate, no sin antes saciar nuestra sed, Lola y también los demás, en una fuente cercana.

¡Que sigas disfrutando muchos años de nuestros montes Lola, y más ojito con las simas!


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